miércoles, 9 de mayo de 2007

Las películas que no tenés que ver si vas al cine con una mujer (segunda parte)

Seguimos con las películas que hay que esquivar a la hora de ir al cine con una mujer para la conquista amorosa satisfactoria.
Tercero, las películas de acción. Primero, es muy probable que a ella no le gusten. Si le gustan, creerás estar en el cielo, pero no. Los protagonistas tienen abdominales y la moral alta, son heroicos, ganadores. Es un dato proporcionado por la Organización mundial de la salud, el 85% de la población mundial no tiene abdominales ni esos bíceps sexys y duritos. O sea que vos, que curtis la cerveza, el asado, las empanadas de humita y los alfajores triples bañados en chocolate, no vas a tener esa figura escultural. El acto heroico mas fabuloso que tuviste fue matar una cucaracha que asustaba a tu hermanita o madre, y bueno, jamás has conquistado una mujer haciéndote el duro, sino no estarías en el cine, remándola.
Tercero inciso b, todos los protagonistas masculinos son mas lindos que uno, por algo están en la meca del cine. Aunque ella te diga que sos mas lindo que Brad Pitt, sabes que te miente, como cuando ella te pregunta si es mas linda que Angelina Jolie, así que, para que forzar una situación de mentiras piadosas. No a las películas de acción.
Cuarto, las de terror. Casi son ideales, dan para el abrazo en el cine, para que puedas mostrarte como un ser valiente que no le asustan esas tramas, pero digo que no. A no ser que quieras pasar la noche con ella, y que después se despierte a los gritos por las pesadillas que le causó tal película. Nada peor que una noche de perros después de una buena noche, no? El sueño reparador hay que honrarlo y respetarlo.
Quinto, las comedias estúpidas norteamericanas que tanta gracia nos causas, chistes escatológicos, mujeres en bolas corriendo por todos lados, más chistes sobre caca, semen, más minas en bolas y situaciones sexuales inverosímiles. ¿Para que? Esas películas nacieron para que las veas con tus amigos, cerveza de por medio, donde podes largar esas carcajadas sonoras (donde se te escapa la famosa risita “chanchito” a lo Valeria Massa), si estas comiendo pochoclo y justo viene una parte muy graciosa, escupís todo y quedas como un animal. Definitivamente no, no son adecuadas para nada.

martes, 8 de mayo de 2007



Las películas que no tenés que ver si vas al cine con una mujer (primera parte)

Algunos, con el transcurso de los años, han descubierto que el cine es un lugar apropiado para el famoso y bien ponderado “levante”, al cual nos referiremos como conquista, para no ofender potenciales lectoras femeninas. Sin embargo, tras arduos estudios sociológicos, antropológicos y cinematográficos, Colección de Obsesiones se enorgullece de presentar su informe de las películas que no hay que ver cuando se va a la sala de cine con una mujer. He aquí la primera parte.
Primero, los dramas. Algunos piensan que la sensibilidad que da una buena trama plena de golpes bajos y que dispara las lágrimas de las almas sensibles es una buena arma para la conquista. Error. En general, estas cintas son eficientes en el trabajo de deprimir a las personas, por lo que, si esperabas tener una especie de acercamiento amoroso post movie, nuevo error. La mujer no se va a poder sacar de la cabeza el sufrimiento de los protagonistas, y se la pasara en congoja por las situaciones dramáticas que ha vivido. Y lo que es peor: hasta tu, hombre fuerte e insensible como Vin Disel, puedes llegar a quedar conmovido y arruinar la noche.
Segundo, las románticas. Por favor no, esquívale con las excusas mas inverosímiles que se te crucen por la cabeza. En esas películas todos son más románticos que vos. Si le regalaste a tu cita unas flores, los protagonistas masculinos compran toneladas de rosas amarillas que valen miles de dólares. Si tenías pensado llevarla a tu departamento, el contraste con el piso en el que suelen vivir los solteros de las películas es terrible. Vos tenés vista a las vías del tren Sarmiento, y ellos al puente de Brooklin, tu heladera tiene esos espantosos hongos, producto de la falta de limpieza, ellos son pulcros. Si la pensabas llevar a un hotel, es incomparable con los hoteles de las películas, allá tienen los famosos “botones”, gente copada que hace chistes, los hoteles de Buenos Aires, los de menos de 4 estrellas, tienen personas que te atienden con su mejor cara de “odio mi trabajo”, suena esa espantosa chicharra/ sirena / o teléfono cuando las tres horas del turno pasaron. Nada menos romántico que levantar campamento porque no tenés 30 pesos más para tres horitas. Los románticos de las películas son románticos de verdad, no se les nota las ganas de ir a la cama en los ojos, como al resto de los mortales. Ellos tienen sentimientos nobles, y ganan siempre al final. Si vas a ver una romántica al cine, prepárate para las comparaciones tendenciosas: “claro, él le canto una serenata una noche, vos ni siquiera podes decir el abecedario de corrido”, “el de la película la persiguió a ella hasta el aeropuerto para declararle su amor, vos llegaste tarde a mi casa porque el 182 tenía un retraso de veinte minutos”. Todo lo que hagas quedara minimizado por la película romántica.

lunes, 7 de mayo de 2007

La función social del cigarrillo (no es una apología)

El fumar es perjudicial para la salud, ley nº 23.344, es verdad, no estoy aquí para dar sermones sobre los muchos problemas que trae este mal hábito, en especial porque, como fumador, no puedo sermonear a nadie. He descubierto, tras años de experimentación que mezclaba lo sociológico y lo antropológico, que el cigarrillo cumple, en el círculo selecto de los fumadores, un rol social importante.
Une, esa es la palabra. Cuando una persona necesita fuego y ese encendedor (o mechero para otros países) o fósforo (o cerilla) desaparece, es cuestión de ubicar a otra persona con un cigarrillo prendido colgando de la comisura de sus labios para conseguir fuego. Es tan simple como eso. Nadie se va a negar a convidar el preciado fuego, es como un código tácito que no viene en ningún manual, es algo que heredamos de nuestros antepasados más remotos, aquellos hombres de las cavernas que descubrieron el fuego sagrado, uno de los descubrimientos más importantes de la historia. Repasemos un poco.
Prometeo, aquel héroe trágico griego, fue condenado a la tortura permanente por robar nada más y nada menos que el fuego a los dioses para otorgarlo a la humanidad. Su castigo es terrible, y hablo en presente porque si nos remitimos al mito, al día de hoy lo padece. Un ave de rapiña come su hígado una y otra vez todos los días. Todo por el fuego.
Julio Cortazar, el maravilloso escritor argentino fallecido un 12 de febrero, cuya obra magna Rayuela marcó una época y aún hoy se lee con avidez, escribió un libro que se llama “Todos los fuegos el fuego”. Cortazar era un fumador también.
La película “Carrozas de fuego” ganó muchísimos premios, entre ellos un Oscar, señal clara de que su nomenclatura que cita a este maravilloso y caluroso elemento de la naturaleza.
Humphrey Bogart, famoso actor de la época de oro del cine norteamericano, cuya película más importante es “Casablanca”, prendía sus cigarrillos en pantalla de una forma característica, con los fósforos y cara de antihéroe con la que haría carrera.
Fidel Castro, líder de la revolución cubana y actual presidente de Cuba, elevo a mito el habano, y pese a que hoy no fuma más por cuestiones de salud, los cigarros del país caribeño son una marca registrada y sinónimo de calidad. Sin fuego, esto no existiría.
Más allá de los ejemplos, la comunidad fumadora goza de una camaradería que otros grupos sociales heterogéneos no gozan. A diferencia del habano o la pipa, que denotan poder o inteligencia respectivamente (Arnold Shwaszenegger fuma habanos, Sherlock Holmes pipa), el cigarrillo no responde a clases sociales, lo fuma tanto el tipo que carga bolsas en el puerto como la dama de alta sociedad sueca.
Basta con salir a las inmediaciones de un centro comercial donde esta prohibido encender un cigarrillo en sus instalaciones, y encontraran una diversidad de personas que se respetan mutuamente en silencio mientras fuman su preciado vicio y reflexionan en sus mentes sobre temas que le escapan a este escrito. Ahí son todos iguales, el pobre, el rico, el feo, el lindo, el hombre y la mujer, no hay órdenes de ningún tipos, ni estratos, el cigarrillo unifica a aquellos que no son iguales.