La función social del cigarrillo (no es una apología)
El fumar es perjudicial para la salud, ley nº 23.344, es verdad, no estoy aquí para dar sermones sobre los muchos problemas que trae este mal hábito, en especial porque, como fumador, no puedo sermonear a nadie. He descubierto, tras años de experimentación que mezclaba lo sociológico y lo antropológico, que el cigarrillo cumple, en el círculo selecto de los fumadores, un rol social importante.
Une, esa es la palabra. Cuando una persona necesita fuego y ese encendedor (o mechero para otros países) o fósforo (o cerilla) desaparece, es cuestión de ubicar a otra persona con un cigarrillo prendido colgando de la comisura de sus labios para conseguir fuego. Es tan simple como eso. Nadie se va a negar a convidar el preciado fuego, es como un código tácito que no viene en ningún manual, es algo que heredamos de nuestros antepasados más remotos, aquellos hombres de las cavernas que descubrieron el fuego sagrado, uno de los descubrimientos más importantes de la historia. Repasemos un poco.
Prometeo, aquel héroe trágico griego, fue condenado a la tortura permanente por robar nada más y nada menos que el fuego a los dioses para otorgarlo a la humanidad. Su castigo es terrible, y hablo en presente porque si nos remitimos al mito, al día de hoy lo padece. Un ave de rapiña come su hígado una y otra vez todos los días. Todo por el fuego.
Julio Cortazar, el maravilloso escritor argentino fallecido un 12 de febrero, cuya obra magna Rayuela marcó una época y aún hoy se lee con avidez, escribió un libro que se llama “Todos los fuegos el fuego”. Cortazar era un fumador también.
La película “Carrozas de fuego” ganó muchísimos premios, entre ellos un Oscar, señal clara de que su nomenclatura que cita a este maravilloso y caluroso elemento de la naturaleza.
Humphrey Bogart, famoso actor de la época de oro del cine norteamericano, cuya película más importante es “Casablanca”, prendía sus cigarrillos en pantalla de una forma característica, con los fósforos y cara de antihéroe con la que haría carrera.
Fidel Castro, líder de la revolución cubana y actual presidente de Cuba, elevo a mito el habano, y pese a que hoy no fuma más por cuestiones de salud, los cigarros del país caribeño son una marca registrada y sinónimo de calidad. Sin fuego, esto no existiría.
Más allá de los ejemplos, la comunidad fumadora goza de una camaradería que otros grupos sociales heterogéneos no gozan. A diferencia del habano o la pipa, que denotan poder o inteligencia respectivamente (Arnold Shwaszenegger fuma habanos, Sherlock Holmes pipa), el cigarrillo no responde a clases sociales, lo fuma tanto el tipo que carga bolsas en el puerto como la dama de alta sociedad sueca.
Basta con salir a las inmediaciones de un centro comercial donde esta prohibido encender un cigarrillo en sus instalaciones, y encontraran una diversidad de personas que se respetan mutuamente en silencio mientras fuman su preciado vicio y reflexionan en sus mentes sobre temas que le escapan a este escrito. Ahí son todos iguales, el pobre, el rico, el feo, el lindo, el hombre y la mujer, no hay órdenes de ningún tipos, ni estratos, el cigarrillo unifica a aquellos que no son iguales.
El fumar es perjudicial para la salud, ley nº 23.344, es verdad, no estoy aquí para dar sermones sobre los muchos problemas que trae este mal hábito, en especial porque, como fumador, no puedo sermonear a nadie. He descubierto, tras años de experimentación que mezclaba lo sociológico y lo antropológico, que el cigarrillo cumple, en el círculo selecto de los fumadores, un rol social importante.
Une, esa es la palabra. Cuando una persona necesita fuego y ese encendedor (o mechero para otros países) o fósforo (o cerilla) desaparece, es cuestión de ubicar a otra persona con un cigarrillo prendido colgando de la comisura de sus labios para conseguir fuego. Es tan simple como eso. Nadie se va a negar a convidar el preciado fuego, es como un código tácito que no viene en ningún manual, es algo que heredamos de nuestros antepasados más remotos, aquellos hombres de las cavernas que descubrieron el fuego sagrado, uno de los descubrimientos más importantes de la historia. Repasemos un poco.

Prometeo, aquel héroe trágico griego, fue condenado a la tortura permanente por robar nada más y nada menos que el fuego a los dioses para otorgarlo a la humanidad. Su castigo es terrible, y hablo en presente porque si nos remitimos al mito, al día de hoy lo padece. Un ave de rapiña come su hígado una y otra vez todos los días. Todo por el fuego.
Julio Cortazar, el maravilloso escritor argentino fallecido un 12 de febrero, cuya obra magna Rayuela marcó una época y aún hoy se lee con avidez, escribió un libro que se llama “Todos los fuegos el fuego”. Cortazar era un fumador también.
La película “Carrozas de fuego” ganó muchísimos premios, entre ellos un Oscar, señal clara de que su nomenclatura que cita a este maravilloso y caluroso elemento de la naturaleza.
Humphrey Bogart, famoso actor de la época de oro del cine norteamericano, cuya película más importante es “Casablanca”, prendía sus cigarrillos en pantalla de una forma característica, con los fósforos y cara de antihéroe con la que haría carrera.
Fidel Castro, líder de la revolución cubana y actual presidente de Cuba, elevo a mito el habano, y pese a que hoy no fuma más por cuestiones de salud, los cigarros del país caribeño son una marca registrada y sinónimo de calidad. Sin fuego, esto no existiría.
Más allá de los ejemplos, la comunidad fumadora goza de una camaradería que otros grupos sociales heterogéneos no gozan. A diferencia del habano o la pipa, que denotan poder o inteligencia respectivamente (Arnold Shwaszenegger fuma habanos, Sherlock Holmes pipa), el cigarrillo no responde a clases sociales, lo fuma tanto el tipo que carga bolsas en el puerto como la dama de alta sociedad sueca.
Basta con salir a las inmediaciones de un centro comercial donde esta prohibido encender un cigarrillo en sus instalaciones, y encontraran una diversidad de personas que se respetan mutuamente en silencio mientras fuman su preciado vicio y reflexionan en sus mentes sobre temas que le escapan a este escrito. Ahí son todos iguales, el pobre, el rico, el feo, el lindo, el hombre y la mujer, no hay órdenes de ningún tipos, ni estratos, el cigarrillo unifica a aquellos que no son iguales.
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